El amor que perdura

La cultura familiar del vino ha inspirado el genio de Honoro Vera Rioja, un Tempranillo joven y armónico, con encuentro frutal y sabroso. Evoca la felicidad de una mesa con todos los hijos y nietos en torno a la madre. Su encanto le roba protagonismo a una buena cazuela o a una carne tostada sobre ascuas.

La variedad señera de La Rioja despierta otra polifonía diferente al contacto con la madera. Así surge Rosario Vera, con la fuerza del amor materno que perdura, de tonos púrpuras, que llega a los labios con cadencia de zarzas y ciruelas maduras, cedro y regaliz. En las copas puede inspirar amenas y largas tertulias que engendren amistades.


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